martes, 8 de marzo de 2016

No me felicites



No me felicites. Por favor. No caigas en eso. Hoy no es mi cumpleaños y no necesito flores ni bombones, ni que me recuerdes que soy maravillosa (Gracias. Lo tengo claro). Deja la artillería pesada para otro día porque si lo piensas bien, ¿qué quieres decir cuando dices “felicidades” a una mujer en el día 8 de marzo?  ¿Por qué felicitas? ¿Quizá te has creído a pies juntillas los slogan de anuncios de compresas y de verdad crees que ser mujer es sencillamente maravilloso? Pues mira, no. No es maravilloso ni fácil. Es una carrera de obstáculos que tenemos que correr queramos o no. Nos apetezca o no. Solo por el hecho de que nacimos con una vagina. Y si tenemos un día internacional no es para que las floristerías vuelvan a hacer el agosto a pocos días de San Valentín, sino para que el mundo se entere de que seguimos resistiendo en este maldito juego de poder llamado patriarcado en el que la mitad de la humanidad trata sistemáticamente de subyugar a la otra. No hemos elegido nacer mujeres pero tampoco escurrimos el bulto. Luchamos todos los días contra muchas injusticias y no te enteras ni de la mitad. ¿Felicitarías a un enfermo el día internacional de la lucha contra el cáncer? Supongo que no se te ocurriría. Pues aquí lo mismo: no estamos de fiesta. Estamos trabajando duro para cambiar las cosas. Estamos tan orgullosas de ser mujeres como tú de ser hombre, pero lo que de verdad es un orgullo es ser una mujer luchadora.

Por eso no quiero tus felicitaciones. Quiero tus actos. Quiero tu compañerismo. Quiero tus hechos. En vez de decirme “felicidades”, cierra el pico la próxima vez que pase delante de ti y pienses que voy muy guapa o muy fea o que mi ropa dice esto o aquello de mi o que mi culo es muy grande o mis tetas muy pequeñas. No me interesa tu opinión. Cállate la boca la próxima vez que quieras arremeter contra mí porque vivo mi sexualidad como me da la gana, me visto como quiero y me acuesto (o no) con quien quiero y cuando quiero. No me pongas una mano encima ni amenaces con hacerlo. No me violes. No me mates. No pienses ni digas que la culpa era mía por esto o aquello, o que debería haber hecho así o asá para que no me pasara alguna desgracia. No me prohíbas nada: asume que no eres mi dueño, que yo decido lo que hago con mi ropa, con mis amistades, con mi cuerpo, con mi tiempo libre y también con mi trabajo. Acompáñame en mi vida si quieres y si yo quiero, pero no pretendas controlarla. No hagas chistes machistas. No tienen ni puta gracia salvo que quieras parodiar al imbécil número uno. No asumas que cocino, que limpio, que cambio pañales mejor que tú. Ni que conduzco peor o que no se montar muebles ni jugar a fútbol. Respeta mi derecho a dar mi opinión y a levantar la voz y ser vehemente. No soy una histérica por defender mis argumentos. Entiende que no, significa no. No me regales muñecas con vestidos de princesa ni te empeñes en vestirme de rosa. No quieras ser mi príncipe azul porque no lo estoy buscando. 

En lugar de felicitarme, compórtate como un compañero. Alguien capaz de levantar la voz ante las injusticias a las que cada día me enfrento. Que no le quite hierro al asunto diciendo que exagero. Que me pague lo mismo que a mi compañero varón. Que respete mi derecho a ser madre o a no serlo. Que calle bocas conmigo, que guerree conmigo, que no permita faltas de respeto a ninguna mujer delante de él. Que no diga que no es feminista porque él cree en la igualdad. Que me respete como profesional. Que no prefiera un hijo varón “porque le entendería mejor”. Que comparta responsabilidades en todos los ámbitos. Que se deje dirigir por mí si es lo que toca. Que se indigne conmigo viendo películas de Disney que flaco favor les hacen a nuestras hijas y a nuestros hijos. Que se cabree con los catálogos de juguetes para niñas, inundados de rosa chicle. Que llore de rabia ante la prostitución, la trata de mujeres, la ablación del clítorix, los matrimonios concertados, los asesinatos de mujeres que denunciaron o que no lo hicieron, las violaciones de mujeres que llevaban minifalda y escote o pantalón de pana y jersey de cuello alto. Que no se crea tópicos como que el amor romántico todo lo puede: el respeto todo lo puede. Que sepa que yo no salí de su costilla sino que él salió de mis entrañas, y que detrás de todo gran hombre no tiene por qué haber  una gran mujer, y que si está debe estar a su lado. Que no quiera ser un galán ni un caballero andante sino uno más en una noble lucha. 

Cuando hagas eso, yo te felicitaré a ti, encantada. Te daré la bienvenida a este lado de la balanza y te enseñaré quienes somos. Las condenadas a demostrar mucho más para ganar mucho menos. Las que crecieron jugando a dar el biberón a su nenuco y con Barbie y su mansión de ensueño con sus muebles barrocos y rosados mientras tú montabas el mecano y soñabas con ser astronauta. Las que no valían para las ciencias, pero sí para cuidar niños. Las que ocupan la mayoría de los asientos en las universidades y un escaso porcentaje de las cátedras. A las que les levantaste la falda en el patio del colegio. A las que respetaste solo por miedo a su novio o a su hermano mayor. Las que no contrataste por si les daba por tener familia. Las que despediste por quedarse embarazadas. A las que llamaste putas, frígidad, ninfómanas, estrechas, ligeras de cascos, locas, irracionales, desesperadas, etcétera. Las hijas del patriarcado que saben que su lugar en el mundo está en la libertad y no pararán hasta conseguirlo mientras quede una sola que sufra injusticia. Cueste lo que cueste. Aunque me llames feminazi. Aunque me felicites. Aunque todo esto te parezca exagerado y yo una histérica. Aunque no quieras unirte. Vamos a conseguirlo y lo que deberías decir, si eres un hombre justo (que seguro que lo eres) no es “felicidades”, sino “ánimo” y “gracias”. 



miércoles, 3 de febrero de 2016

Declaración de intenciones



A veces te miro y me pregunto cómo conseguiré explicarte, el día que toque, la mierda de mundo a la que te he traído. Quizás pienses que, para esto, mejor estabas en ese limbo de lo inmaterial, en el mundo de las ideas de Platón, en la energía cósmica en abstracto que no se preocupa de la estupidez humana. Puede que no sea capaz de hacer que entiendas por qué te necesitaba, ni por qué os necesitamos. Porque quizás no comprendas que las responsabilidades de nuestros actos, los de mi generación y las anteriores, han decaer irremediablemente sobre tus hombros y lo de los que llegan ahora, contigo. Así son las cosas, ya lo decía -anteayer- Publio Terencio: “nada de lo humano me es ajeno”. Tienes que entenderlo. Tú eres la suma de las virtudes y los defectos, de las miserias y de las glorias de una especie, la humana, y de una civilización, la déspota e insaciablemente avariciosa Occidente. Esa es tu impronta y marca el inicio del camino que has comenzado a andar. No obstante, nada está marcado. Podrás buscar tus atajos o tus rodeos, tus vueltas, tus piedras, tus charcos y toda la orografía de tu vida a cada paso que des. Hazlo con conciencia, sabiendo quién eres y sobretodo, de dónde vienes. Solo así encontrarás algo parecido a respuestas que inevitablemente te llevarán a otras preguntas. 

Si solo fuese capaz de dejarte claro que eres una hija del pueblo, con todo lo que ello implica, ya podría morirme tranquila. Si lograse que amases la idea de la libertad tanto como yo lo hago, que luchases por ella contra viento y marea, con más pasión y con más ganas de las que yo le puse, que defendieses la propia y la ajena con igual intensidad. Si pudiese hacerte inmune al desencanto, a la flaqueza, a la frustración. Ciertamente, no puedo controlar en tu vida tanto como me gustaría para apuntalar tu no solo tu felicidad, sino tu paso por esta vida dando lo mejor de ti misma. Supongo que es parte del juego, que no estoy para construir tu vida, que eso lo harás tú. Espero que para poder hacerlo quieras consultar las experiencias que guardo para ti, los libros que te invitaré a leer, las películas que contigo querré comentar, las conversaciones que habremos de tener y los lugares que juntas podríamos visitar. Que con todo ello hagas en tu cabeza un puzzle que puedas unir con el resto de tus vivencias, de lo mejor que te de cada una de las personas importantes que pasen por tu vida. Si eliges el camino que te invito a recorrer, no verás una imagen clara en ese puzzle hasta que vaya muy avanzado, pero al final verás que en efecto, era una imagen tan hermosa que mereció la pena elaborarla con mimo. 

Te invito a que recorras el camino del librepensamiento, del estudio, de la crítica constante, de la observación aguda y de los ojos cansados de mirar, los oídos desgastados de oír, las yemas de los dedos encalladas de tocar y de sentir. Te aseguro que no es el camino más fácil, de hecho es a ratos incómodo, muchas veces cansado y a menudo cuesta arriba, pero sin duda merecerá la pena. ¿Por qué crees si no que tantos y tantas lo anduvieron anteriormente? ¿Por qué si no tantas personas entregaron su vida por no caminar la senda del conformismo o de la doblegación? 

Es emocionante mirar tu sonrisa, ajena a todo lo que te está esperando, pensar que tienes toda la vida por delante. Tenéis trabajo, porque os hemos dejado el mundo hecho unos zorros. No os lo merecíais, pero confiamos en vosotros para cambiar el rumbo de nuestra locura. ¿Te das cuenta? Sois la esperanza, los ladrillos que construirán un mundo, un país nuevo. Quizás, ojalá, un espacio donde todos quepan, donde las mujeres seáis por fin libres e iguales, donde la naturaleza sea respetada y la política sea una vocación de servicio y no un negocio, donde ningún vividor cobre sueldos obscenos y nadie se vaya al colegio sin desayunar.  Hay tanto por hacer que suena abrumador, ¿verdad? No te preocupes. No estarás sola. A tu espalda estaremos los que luchamos antes, que te acompañaremos mientras nos queden fuerzas, y junto a ti las nuevas filas de los hijos del pueblo, de las trabajadoras y trabajadores que dignifican cada día la naturaleza humana dando a los demás lo mejor de sí mismos. No te dejes engañar. Hay más gente buena que gente mala, aunque estos últimos hagan mucho ruido. Confecciona un corazón revolucionario y no estarás sola, porque estarás unida a los millones de corazones que han latido por la justicia y la libertad, y eso es lo más grande que podrá pasarte. 

Lucha. Mereces –merecéis- un mundo nuevo. Un viejo soñador describió hace algún tiempo la más hermosa cualidad de un revolucionario, que es ser capaz de sentir la injusticia cometida contra cualquier persona en cualquier parte del mundo. Hazla tuya. Vive con el corazón. Date sin medida a las causas más justas. Cuando estés al final de tus días y yo ya no esté contigo, espero que me recuerdes dándote la brasa con temas como el feminismo, el ecologismo, la lucha de clases, la memoria histórica, la justicia, la igualdad, la fraternidad, y de pronto observes tu propia trayectoria, mires atrás y pienses “Tenía razón, la pesada esta. Mereció la pena”. 

 Mamá ;)

sábado, 21 de noviembre de 2015

Pues yo me alegro

Efectivamente, yo me alegro. Aún a riesgo de escandalizar a alguien porque no esté entre lo políticamente correcto alegrarse de la muerte de nadie. Entiéndame bien. La muerte en sí del dictador me da igual. El cese de sus funciones vitales, sus últimos días agonizantes, su larga enfermedad. Todo eso no me alegra, simplemente me resulta indiferente. Pero me alegra que de una vez por todas picase billete y por fin se fuese para siempre. Me alegro de su desaparición. Y si algo lamento es que no hubiera sido un poquito antes. Igual así sus últimos fusilados no habrían sido tales y puede que nunca se escribiera la canción por la cual llevo mi nombre, pero habría sido un sacrificio más que justo llamarme de otra manera. Me alegro de que por fin este país tuviese otra oportunidad de encontrar el norte, aunque a toro pasado veo que se desaprovechó. Pero siempre es mejor tenerla y cagarla, que simplemente vivir bajo yugo siempre y sin ninguna esperanza de cambio.a ver si sucesivas oportunidades se gestionan mejor. Ahí lo dejo.

Pues sí, me alegro. Me alegro de que aquel 20 de noviembre la mano de hierro del General Franco cesara para siempre en su tembleque meramente estético, ya que jamás titubeó para firmar sentencias de muerte. Me alegro por los muertos, por los de la guerra y por los de la represión; me alegro por los desaparecidos, me alegro por los presos políticos de entonces, me alegro por las mujeres de la época y por las nacidas en democracia, me alegro por los niños que nacieron ese día y los siguientes y en cuyas memorias la dictadura no tendría ya un hueco. Si. En definitiva, me alegro de la muerte de Franco.

No puedo alegrarme de como se gestionaron las cosas, sin duda. No puedo alegrarme de tener que seguir viendo como este país rinde pleitesía al hijo del heredero del asesino después de bailarle el agua al padre largos años. De eso no puedo alegrarme. No puede provocarme ningún recogijo el hecho de que mis muertos sigan esparcidos por las cunetas de España. Porque si, para mi son mis muertos. Y yo tuve la inmensa suerte de nacer en democracia (aunque sea con minúsculas), pero tengo memoria y un especial interés por vivir sin que me tomen el pelo, motivos por los cuales he estudiado lo suficiente como para saber que no es cierto que las dos Españas fueran iguales. Que una se levantó en armas contra un gobierno democráticamente elegido en las urnas. Que una fue la primera en verter sangre y la otra no hizo sino defenderse. Y que la misma que desencadenó la barbarie fue la que permitió que ejércitos fascistas bombardeasen a su propio pueblo sin ninguna piedad. Y por lo tanto los muertos no se pueden equiparar. Porque mientras los de la masacre de Paracuellos (argumento cansino donde los haya para tratar de poner a los dos bandos a la misma altura) fueron honrados y recordados durante toda la dictadura como héroes, los de Badajoz fueron tratados como animales y los torturados todavía hoy tienen que aguantar que gentuza como Billy el Niño se pasee con total impunidad por las calles de Madrid como un ciudadano más y para más inri con medallas al mérito policial. Eso por poner solo dos ejemplos del trato de unos y de otros.

No somos lo mismo. Esto no quiere decir que las heridas no puedan cerrarse. Pueden y deben, pero no así. No barriendo bajo la alfombra. Las heridas históricas de este calibre se cierran con esmerada cirujía política: abriendo las fosas, identificando los cuerpos y entregándolos a los familiares y por qué no, indemnizando a las víctimas. Sentando en el banquillo a los criminales que siguen vivos sin que vengan a intentarlo desde otros países y señalando sin miedo a quienes ya no viven pero que merecen pasar a la historia como lo que fueron: asesinos, torturadores, o meros estómagos agradecidos del régimen que contemplaron sin interceder las barbaridades que sucedieron en aquellos años de terror. Quitando sus nombres de nuestras calles y plazas y sus reconocimientos y justificaciones de nuestros libros de historia.

Haciendo eso, lo básico, podremos cerrar las heridas. Se trata básicamente de poner las cosas en su lugar, y llamarlas por su nombre. No se trata de rencores ni de venganzas sino de justicia. Yo no viví la guerra civil, no me interesa ponerme a estar alturas a partirme la cara con nadie y creo que ese es el sentir mayoritario de mi generación. Pero no puedo evitar apenarme cuando escucho a una señora de más de setenta años llorar porque lo único que quiere en el ocaso de su vida es llevarse consigo un hueso de su padre. Sinceramente, creo que no es tanto pedir. Y quiero dárselo. A ella y a todos los que tienen que llevar flores a las cunetas en lugar de a un nicho digno. ¿Por qué, si se supone que todos somos iguales, todavía hay españoles que no tienen derecho a enterrar a sus muertos con dignidad?

No obstante, y aunque quede aún mucho por hacer, he de decir que me alegro. Aunque se muriese en su cama. Aunque el Franquismo sea el único fascismo que no ha pasado por tribunales de justicia internacional. Aunque todavía en el año 2015 seamos el país con más desaparecidos del mundo solo por detrás de Camboya. A pesar de todo eso y de todos los trapos sucios que nos quedan por lavar, me alegro y siempre me alegraré de la muerte del dictador. Simplemente porque su presencia supuso aquel terror, aquella barbarie, aquellos cuarenta años que nunca deberían haber existido. 


jueves, 18 de junio de 2015

Alfon somos todos



Ayer, después de un proceso judicial dilatado desde la huelga general de 2012, Alfonso Fernández, Alfon, ha sido condenado a cuatro años de cárcel por tenencia de explosivos. Tanto el acusado como su familia y entorno han denunciado constantemente un montaje policial según el cual, fue la policía la que, después de parar a Alfonso cuando acudía a un piquete informativo, le señaló como dueño de una bolsa con supuesto material explosivo casero que ellos mismos sacaron delante del joven, que en todo momento ha asegurado que no era suya. En noviembre de 2014 se celebraba un juicio del que salían satisfechos tanto el acusado como el abogado del mismo (Erlantz Ibarrondo). El letrado llegó a asegurar que daba por hecha una absolución ante la insostenibilidad de las pruebas acusatorias, afirmó que no había “ni un solo dato objetivo que permia corroborar los hechos”.  Entre otras cuestiones nunca se encontraron huellas dactilares de Alfon en la bolsa de explosivos, sí que se encontraron cuatro huellas que nunca se investigaron  y se rompió la cadena de custodia de las pruebas. Y ahora resulta que si nadie lo remedia va a pasar cuatro años en prisión por una bolsa que ante evidencias científicas queda claro que nunca tocó. Bienvenidos a España. 

Últimamente está muy de moda el tema de los presos políticos que están fuera de nuestras fronteras. Algunos expresidentes presuntamente de izquierdas incluso se dan un garbeo por el globo con la excusa de echarles un cable. Y mientras aquí seguimos negando la evidencia de que tenemos nuestros propios presos políticos y que además son de izquierdas. Porque Alfon difícilmente saldrá de la cárcel a lo Bárcenas y ni mucho menos representa las absurdas simpatías cómicas del pequeño Nicolás. Alfon es un chaval que se ha declarado en numerosas ocasiones como un miembro de la clase trabajadora en un acto de exhibición de una profunda conciencia de clase, orgulloso de ser de izquierdas y conocedor a fondo de la teoría política marxista, que comparte y defiende. Todo eso, unido a lo mediático de su causa, le duele al sistema en el alma, que se ha cebado con él a costa de la verdad y de la justicia. 



Emocionante ha sido ver a quienes le arropaban en el momento de su detención: los que se han vestido de blanco y han tapado sus rostros para hacer palpable esa idea de que Alfon somos todos. Porque ciertamente lo somos. Porque hoy es él, y mañana puede ser cualquier que tenga la osadía de pensar por sí mismo y además luchar por lo que cree justo. Y que nadie se engañe: cada vez lo tienen más fácil para oprimirnos. Dentro de un par de semanas no hará falta que la policía se invente que una bolsa que no es nuestra lo es, bastará con que pongamos algún improperio contra la Casa Real en nuestras redes sociales, por ejemplo. La entrada en vigor de la Ley Mordaza el próximo 1 de julio puede ser la oportunidad de oro para que Florentino Pérez amplíe negocio y abra cárceles nuevas, porque si no, directamente no cabemos. Ante esta situación, estar unidos es más importante que nunca, no sucumbir al miedo, a las inseguridades que te provoca ver que con lo jodido que está todo, todavía haya quien siga votando al PP. No es tiempo de hundirse. No con Cifuentes recién instalada en el gobierno de la Comunidad de Madrid. Ahora es tiempo de significarse más que nunca. Porque luchar por la justicia no es delito y es un deber en los tiempos que corren.

El próximo sábado se celebra en Madrid una manifestación para pedir la excarcelación de Alfon que saldrá desde la madrileña Puerta del Sol hacia el Ministerio de Justicia a las 20.30 horas. El apoyo a Alfon y a su familia es fundamental en este momento. Después de tantos años de lucha no podemos darlo todo por perdido. 




viernes, 5 de junio de 2015

Cosas que no entiendo



Hay noticias que la dejan a una más loca de lo que suele estar. Y esta semana se ha dado una de esas. No, no es el pitido al himno en el fútbol que francamente y tal y como está el patio, me importa un carajo. Pero también está el rey de por medio. El señor Felipe y agregada se han ido a París a participar en un acto de homenaje a los republicanos españoles que voluntariamente lucharon allí contra la ocupación nazi y liberaron la ciudad. Casi ná. 

El homenaje se hacía al batallón de La Nueve, compuesto por 160 combatientes de los cuales 149 eran españoles exiliados. Comunistas y anarquistas en su mayoría que habían huido de la represión franquista y se habían enrolado en la causa contra los nazis en aquella, la misma Francia que pocos años antes había dado la espalda a la Segunda República ante el levantamiento golpista del general Franco. Detalle que honra más todavía a los luchadores libertarios, que entendieron más de solidaridad que de justicia poética. 

El padre de ese al que llaman rey al más puro estilo medieval, no es otro que el heredero del dictador. Fue criado a sus pechos, llegó incluso a jurar las Leyes del Movimiento Nacional y a afirmar que no consentía que se hablase mal de Franco en su presencia. Ese hombre fue hasta hace muy poco rey de España, y el que lo es hoy por derecho de sangre es su hijo, que tiene lo que tiene, y vive como vive gracias a aquella herencia y a aquella jugada maestra que fue la transición supuestamente modélica que nos dejó sin la posibilidad de elegir nuestro propio modelo de Estado, y por ende a su jefatura.

Nunca había visto a un miembro de la realeza en estos berenjenales de rojos. Les había visto esquiando en Baqueira, con sus yates en Mallorca, negociando con dictadores en Marruecos o Arabia Saudí, pero así, homenajeando a republicanos, eso no lo había visto en mi vida. Es que este Felipe, en ese ansia que le ha entrado por renovar la monarquía y desvincularla de escándalos y corruptelas, se ha terminado metiendo en camisas de once varas. 

Porque los republicanos estamos muy acostumbrados a que se nos ignore desde la casa real. Asumimos hace mucho tiempo que para esa institución somos una pandilla de trasnochados y de ignorantes de la vida que no saben nada de lo que le conviene a nuestro país, menores de edad políticos. Sin embargo, es difícil digerir que la cabeza de la misma institución que representa tanto oscurantismo, privilegios, anacronismo e injusticia haga un homenaje a nuestros propios compañeros. Y que lo haga en un país extranjero me parece ya un chiste malo. 

Y digo chiste porque oye, si lo que quieren es homenajear a esos rojos que lucharon por la libertad, no hace falta irse a París en jet privado a costa del contribuyente. Bastaría con abrir alguna de las 1.821 fosas comunes de republicanos asesinados que aún quedan en nuestro propio suelo. Sería un perfecto homenaje devolver a sus familias algunos –si no todos- de los cadáveres de las cerca de 140.000 personas desaparecidas entre la guerra civil y el franquismo, que aún a día de hoy, en el año 2015, se pudren en cunetas y fincas de media España. Recordemos que ostentamos el dudoso “honor” de ser el segundo país en número de desaparecidos cuyos cuerpos no se han recuperado ni identificado, solo por detrás de Camboya a escala mundial, y que somos la única democracia moderna que no ha investigado los crímenes de su dictadura más reciente. Todo ello según datos comprobados por la Plataforma de Víctimas de Desapariciones de Franquismo, y avalado por la postura de la ONU, que ha reclamado la investigación de estos sucesos en repetidas ocasiones a nuestro país.  Para una vez que quedamos de los primeros en algo, tiene que ser en esto. Manda narices. Y es que nuestro dictador, el asesino, el que regó de muertos las cunetas, sigue descansando en paz con honores de Estado. Dicho eso, dicho todo.

Y mientras tanto, Felipe y Letizia dándose un garbeo por París, como si con ellos no fuese la cosa. Y toda la peña comentando que si la pitos y flautas con el himno. Personalmente no me sentí insultada ante la pitada del himno, y creo ser española de pura cepa. Sin embargo estas cosas que no entiendo, este rey homenajeando a mis héroes, a los que considero mis muertos y mis compañeros de causa, me insulta y me duele. Porque si han decidido ignorarnos, pues vale. Pero que no se paseen por Europa con el moderno disfraz de la reconciliación porque estamos muy lejos de eso y no es por nuestra culpa. Porque seguimos exigiendo verdad, justicia y reparación, y se nos niega. Porque a mí que me expliquen por qué un republicano es un héroe cuando lucha en Francia contra el nazismo, y no lo es cuando lucha en su patria contra un golpe de estado y una posterior dictadura de cuarenta años cuyas facturas aún están pendientes. A mí que me lo expliquen. Porque de verdad, no entiendo nada. 

No es África, es Burgos. Año 2014.

Mapa de fosas de Eusko Lurra Fundazioa



Verdad, justicia y reparación. 


Alba